Llevo algún tiempo compartiendo todo tipo de cosas con las personas que leen mi blog, y esta vez no tengo una idea clara de cómo hacerlo sin que algunos se sientan identificado, pero tengo la necesidad de hacerlos y espero que nadie, absolutamente nadie se sienta aludido… resulta que hace unos días fui con unos amigos a un local que yo denominaría como una mega chingana, bien bonita y enorme.
Ahora bien, qué denomino como una “chingana” yo? Un lugar donde puedes chupar con tus patas y tiene música de todo y hay de todo (me refiero a tipos de personas), yo tenía en particular con este sitio una serie de prejuicios, pero fui y me sorprendí, es lindo, la atención en buena, el trago (preparado por un amigo) muy rico y suavecito, muy rica comida (unos anticuchitos buenotes) y la música buena…
El asunto es que al llegar no había mucha gente, pero de pronto se repleto, de (aquí vienen mis variadas descripciones de los asistentes) grupos enormes de oficina, chicas sola gritando desenfadadas, chicos solos chupando, chicos en salida de pesca, gente celebrando todo tipo de cosas, de verdad de todo tipo, por ahí también familias… es un sitio que yo llamaría variopinto en donde el pisco es el protagonista…
Pero hasta aquí ustedes se preguntarán… por qué mariella puede haber dicho oh, por dios? y bueno es porque desde que llegue me percate que la gente toma como si se viniera de corriendo 5 kilómetros y están deshidratados, y claro el sitio se va llenando grupos que gritan, hacen olitas, es como si de pronto la sensación de euforia se apoderara de todos… pero el tema es cuando los grupos comienzan a integrarse entre ellos y sobre todo cuando los chicos solos, hacen contacto con las chicas solas sin evidenciar las diferencias de edad, gustos, preferencias o peor aun de ingesta de alcohol y casi siempre las chicas (porque lo que pude observar) están en desventaja por los efectos que el alcohol produce en ellas de una manera demasiado evidente...
Entonces uno dice: “oh, por dios!” cuando ve una mujer que bordea los cincuentas bailando con un chico que está en medio de los veintes y bailan como si se conocieran, se rosan, se tocan y luego ella se despide de ese extraño con el que se toco durante aproximadamente cinco minutos, como si no se conociera… después el volteará y descubrirá otra y ella otro y así será la gente comenzará a combinarse y acercarse mas de la cuenta… estoy segura que esta observación, como se habrán podido dar cuenta, es la de una que toma poco y no se integra mucho… puedo decir que me divertí, pero también fue una experiencia extraña, en la que no dejaba de observar el comportamiento de las personas y sentir miedo, preocupación y demás sentimientos encontrados por el grado de peligro al que se pueden exponer las personas (en especial algunas de mis amigas) sin darse cuenta o no?
Estoy segura haber disfrutado de ese tipo de riesgo durante muchos años, pero que lleva a personas de mi edad a seguir viviéndolos? Quizás una juventud eterna que estoy perdiendo jajajaaa? o peor aún el miedo a ser juzgada de la misma manera como yo lo hago… el tema es que probablemente no regrese a ese local y si lo hago será por menor tiempo, prefiero despedirme de una noche ahí cuando la gente es feliz... antes de presenciar como el exceso de alcohol nos permite mostrar nuestra falta de autoestima en CASOS EXTREMOS...
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